Donde Duermen las Flores. Helena Moyer

Campanillas Azules, 2025. 130 X 190 CM. Óleo sobre lino crudo © Helena Moyer

Donde duermen las flores nace del deseo de detenerse en los gestos cotidianos de afecto: aquellos que damos por sentado, que pasan desapercibidos y que, sin embargo, sostienen la vida emocional entre las personas.

Las obras hablan de cuidado, de empatía y de conexión. En ellas, las flores se despiertan dentro de los cuerpos como resultado de un gesto de amor cotidiano que, lejos de lo romántico, expone distintos tipos de afecto entre la amistad, la familia, o la cercanía. Son flores que brotan cuando un gesto sencillo se convierte en refugio.

A través del retrato y un lenguaje pictórico que combina el realismo con el simbolismo, Helena Moyer crea un espacio íntimo donde la vulnerabilidad se revela como un lugar fértil para el encuentro y la belleza. Cada cuadro invita al espectador a detenerse, y a reconocer emociones que, aunque invisibles, florecen dentro de nosotros.

Helena Moyer (Zaragoza, 1999) es artista visual, graduada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. Durante su formación realizó una estancia en la Accademia di Belle Arti di Firenze, donde profundizó en el retrato clásico, las técnicas tradicionales de pintura y el simbolismo pictórico, conocimientos que hoy conviven en su obra con un lenguaje contemporáneo. Ha ampliado su visión del sector a través del Máster en Art Business en la Universidad CEU San Pablo de Madrid, en colaboración con la galería WE COLLECT, y recientemente ha pasado a formar parte del elenco de artistas de la Galería Olga Julián.

Su trabajo artístico se centra en la introspección, la vulnerabilidad y las emociones compartidas, exploradas desde una perspectiva intimista y simbólica. A través del retrato y la incorporación de elementos florales, Helena indaga en cómo las relaciones afectivas y los gestos cotidianos se convierten en manifestaciones de amor, cuidado y conexión.

Su lenguaje pictórico se caracteriza por la combinación de realismo detallado, transparencias y simbolismos que penetran en la figura humana, invitando al espectador a una lectura abierta, poética y emocional de la obra. Los personajes, representados con minuciosidad y a menudo flotando sobre fondos planos trabajados en lino y tratados con técnicas tradicionales, conviven con flores que aluden a la psique y a la dimensión interior de lo humano.

La trayectoria de Helena Moyer parte de un interés por el autoconocimiento y el crecimiento personal, que la lleva a concebir la vulnerabilidad como un lugar fértil para el amor y la empatía. Su obra busca así dar forma a los sentimientos universales de conexión, ofreciendo al espectador un espacio íntimo desde el que reflexionar sobre los vínculos afectivos y el modo en que las personas pueden convertirse en hogar.