El Universo de lo Invisible

Desde el mismo momento en que se empezaron a utilizar los primeros microscopios surgió la fascinación. Grabadores, pintores, ilustradores, fotógrafos, joyeros, escultores y diseñadores gráficos se han esforzado desde entonces por recoger en sus obras lo sorprendente y lo bello que habitualmente no vemos, encontrando también una nueva fuente de inspiración en el universo de lo microscópico. Lupas y microscopios nos permiten descubrir paisajes, seres, estructuras y texturas que nuestros ojos no alcanzan a ver. En ese descubrimiento progresivo de lo minúsculo invisible hasta lo visible más diminuto, muchos observadores y curiosos quedaron seducidos e intentaron plasmar sus hallazgos mediante diferentes medios y técnicas, transportándonos a través de su obra hacia la magia de lo macroscópico y lo microscópico.

Se ha tratado de hacer aquí un recorrido corto pero significativo a través de las representaciones artísticas por diferentes épocas. En todas ellas está marcada la huella profunda de la belleza del universo enigmático e inabarcable, del que mostramos aquí solo una brizna. En esta exposición, promovida por el Instituto de Estudios Riojanos, creada y producida por Jesús Rocandio y Antonio Guillén desde la Casa de la Imagen y Proyecto Agua, y mostrada como primicia en la Casa de las Ciencias de Logroño, se realiza un recorrido por la historia de la microscopía y la fotografía microscópica: un camino hermoso, lleno de ensayos y fracasos, pero también de logros inolvidables y, como en cualquier empresa humana, plagado de anécdotas.

Todo ello ha sido posible gracias a la encomiable disposición del Museo Nacional de Ciencias Naturales y la Fundación Cajal, así como a la Sociedad Española de Neurología, la Fundación Río Hortega, la Universidad Complutense, el Centro Nacional de Microscopía y la Universidad de Navarra. También laten en la muestra la entrañable participación del IES La Laboral de Lardero y la del CIBIR, que tan generosamente se ha volcado en colaborar, al igual que el ICCV o la Universidad de La Rioja. A todas estas instituciones y a las personas que trabajan en ellas debemos el hermoso resultado final de esta obra común, que ojalá despierte la curiosidad y las ganas de descubrir y saber más, o al menos el disfrute de quien la visite en tan bonito escenario.

Todavía hoy, en el siglo XXI, el universo de lo que no podemos ver por su minúsculo tamaño sigue siendo un vasto y fascinante territorio prácticamente inexplorado en el que el ser humano ha tratado de adentrarse desde hace milenios. Eso justifica que esta exposición intente ser un homenaje y testimonio de gratitud a quienes nos precedieron y nos abrieron la mirada hacia la belleza escondida y hacia el interés por descubrir. Observando lo pequeño se aprecia y se admira su grandeza; nos sumergimos en otra dimensión que nos ayuda a situarnos en nuestro lugar, quizá empequeñeciéndonos y haciéndonos al mismo tiempo más humanos.

Toda esta muestra se ha hecho realidad gracias a la colaboración y generosidad de personas e instituciones que han querido sumar para mostrarnos aquí el resultado hermoso y útil de un trabajo muchas veces discreto y silencioso, que es, en muchas ocasiones, el que más nos permite avanzar. El recorrido por la exposición trata de ser reflejo de una aventura a través del tiempo, de los descubrimientos y del arte con el que quedaron reflejados esos pasos.

Desde los egipcios, que ya en sus esculturas funerarias utilizaron lentes de cristal de roca en un intento de ayudar a ver mejor su mundo a quienes dejaron este, hasta nuestros días, en los que a través del microscopio puede verse el corazón de los seres más pequeños o la piel atómica en la superficie de cualquier material, la belleza de estos nuevos territorios ha quedado inmortalizada en pinceladas, grabados, pinturas y fotografías. En esta exposición tratamos de mostrar algunos de esos momentos que nos han traído hasta el presente, a través de sus protagonistas o de su arte.

La luz ha jugado y juega un papel determinante a la hora de observar y plasmar lo que se descubre bajo un microscopio. Del mismo modo que un paisaje, siendo el mismo, cambia desde el amanecer hasta el ocaso y nos ofrece visiones y matices muy variados, las técnicas de iluminación en microscopía enriquecen la contemplación y la comprensión de lo que miramos. Por ello hemos querido dar sentido a esta manera de observar con fotografías tomadas utilizando técnicas muy diversas: campo oscuro, iluminación oblicua, contraste de fase, contraste de interferencia, polarización, entre otras.

Toda esta riqueza de matices está en consonancia con la utilidad de la microscopía y con lo que nos aporta al conocimiento de nuestro mundo: de las rocas o los tejidos, de la vida en el agua, del desarrollo embrionario y de las enfermedades. En este camino, figuras como Hoefnagel, Leeuwenhoek, Hooke, Leidy, Haeckel o West, y en nuestro entorno Crisóstomo Martínez, Martín Martínez, Olavide, Simarro, Del Río Hortega o Cajal, dejaron reflejo de todo ello en sus obras o impulsaron desde su responsabilidad que se llevaran a cabo. Mariano de la Paz Graells es un buen ejemplo, sin olvidar a tantas otras personas como Víctor Lorza o Julián Loyola.

En todas estas líneas de trabajo, instituciones como el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el CIBIR, el ICCV, la Universidad de La Rioja, la Universidad de Navarra y la Sociedad Española de Neurología, junto a muchas personas, se han volcado en colaborar para mostrar parte de su trabajo y la belleza que hay en él.